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¿Verdadero? Vargas Llosa: “Los americanos no se entendían y por eso mismo se mataban”

¿Qué sustento tienen las afirmaciones del escritor peruano cuando habla de los beneficios de la Conquista española? ¿Por qué especialistas consideran su perspectiva como “eurocéntrica, hegemónica e ideologizada”? Dato Duro verificó su discurso.

De Germán Beloso (autor de El Llanto de Kiepja y Confines de la luz)

La intervención de Mario Vargas Llosa, en el VIII Congreso Internacional de la Lengua Española, realizado en la ciudad de Córdoba, estuvo direccionada argumentativamente hacia la defensa de la lengua española como unificadora, y, a la vez, presentada como el único aspecto de la Conquista sobre el que no podría haber discusión posible dado su supuesto carácter positivo. ¿Fue así realmente? ¿Por qué las afirmaciones del escritor peruano son discutibles?

Primera afirmación de Vargas Llosa

“Los americanos no se entendían y por eso mismo se entremataban. América era una torre de Babel cuando llegaron los europeos y estaba literalmente bañada en sangre”.

Consultada por Dato Duro, Susana Aguirre, profesora titular de “Prehistoria general y americana”, precisó que “entre los Tlaxcaltecas de Mesoamérica se desarrollaron las llamadas guerras floridas, que fueron colisiones de carácter ritual acordadas entre las partes que entraban en combate, donde se capturaban prisioneros para ser sacrificados, como así también existió entre algunos pueblos la antropofagia: los pijaos de Popayán y los caribes, prácticas que  horrorizaron a los europeos y que justificaron posteriormente su esclavitud”. Sin embargo, Aguirre remarcó que “estos rituales -combates y sacrificios-  solo cobran sentido en el marco de la cosmovisión indígena, no pueden ser analizados, o peor aún juzgados, por fuera de esa lógica”, motivo por el cual enmarcó el discurso de Vargas Llosa en una perspectiva eurocéntrica, hegemónica e ideologizada sobre el mundo indígena, desde donde no solamente se reivindica la conquista de América sino que se analizan esas sociedades, previas a ese acontecimiento, desconociendo sus valores culturales y las lógicas que lo regían. Esa mirada sigue recreando imágenes y representaciones negativas sobre el mundo americano, perspectiva que viene del pasado y que contribuyó a forjar modelos de otredad que cristalizaron en el tiempo y originaron pautas de exclusión”.

A su vez, en los Los pueblos indígenas de México de Federico Navarrete, doctor en Estudios Mesoamericanos, se encuentra que la descripción de la situación previa a la colonización entre los diferentes pueblos de distintas regiones del territorio mexicano es presentada de este modo: “El comercio entre las diferentes regiones de Mesoamérica era constante, pues cada una producía plantas y productos diferen­tes. También había peregrinaciones reli­giosas a los grandes centros religiosos, las cuales ponían a los diferentes pueblos en contacto y les permitían compartir ideas, creencias y tecnologías” (p. 27), aun cuando aclara previamente que las diferentes ciudades mesoamericanas vivieron en permanente competencia y conflicto. Sin embargo, “pese a las grandes diferencias que existían entre los pueblos de Mesoamé­rica, Aridoamérica y Oasisamérica, es­tos estuvieron siempre en contacto. Las migraciones de un área a la otra eran constantes, así como el comercio y el intercambio cultural. Por ello, en las re­giones del norte encontramos plantas, objetos e ideas venidas de Mesoaméri­ca, y en esta área podemos identificar pueblos, tradiciones y prácticas venidas del norte” (p. 28).

Cabe recordar que España llega a estas tierras con la experiencia de ocho siglos de guerra contra los musulmanes, que culmina con la conquista de Granada en 1492.

Segunda afirmación de Vargas Llosa

Con la lengua española, “llegaron unos valores, que son lo mejor de esta cultura occidental, de la cual es parte integrante, protagonista central, el español: la libertad, los derechos humanos, el derecho a crítica, la conciencia moral que juzga nuestros actos y es capaz de condenarnos por no haber resuelto un problema que efectivamente comenzó hace cinco siglos”.

La mencionada Aguirre sostuvo que “los valores que jerarquiza Vargas Llosa son los propios de Occidente, normas sociales, valores éticos, costumbres, creencias religiosas, sistemas políticos, conocimientos científicos, los cuales fueron proclamados por Europa como superiores y se encargaron de imponerlos a escala universal. Además del uso de la fuerza, a través del poder del colonialismo, en otros planos se valió de la ciencia para imponer su pensamiento y valores. La Historia como disciplina, por caso, resulta un ejemplo claro de lo que decimos. La construcción colonial de los saberes, de los lenguajes y de la memoria erigió a Europa como el epicentro de ese sistema”. En este sentido, la lengua también fue un instrumento más de colonización y no solo de comunicación, puesto que toda lengua, continuó Aguirre, “expresa una manera de estar y de ser en el mundo, expresa valores, cuestiones simbólicas, en síntesis, la cosmovisión de un pueblo. El concepto indio, por ejemplo, palabra de la lengua española, es una categoría colonial, creada como un colectivo donde se incluyó la diversidad americana, contribuyendo a desdibujar las diferencias y matices del mundo indígena. “La lengua española nos hermana, nos integra”, afirmó Vargas Llosa, pero en realidad la lengua es el vehículo para imponer valores ajenos, los europeos en este caso, un ejemplo claro es cuando el escritor peruano dice que por medio de la lengua llegaron los griegos, Aristóteles, Platón y Roma con sus juristas”.

También en el libro de Navarrete se reflexiona sobre la imposición de la lengua española: “Toda la educa­ción se impartió en ese idioma, las le­yes se escribieron en él y los tribunales y oficinas de gobierno, el congreso, los periódicos y los libros, lo emplearon ex­clusivamente. Esta política lingüística discriminaba abiertamente a la mayoría de la pobla­ción nacional” (p. 37).

En relación a los valores, que en el discurso de Vargas Llosa pareciera que solo los hubo a partir de la Conquista o que en todo caso los mejores arribaron con los europeos, resulta importante traer aquí lo que Navarrete destaca de los pueblos del norte de México: “desarrollaron un gran senti¬do de la libertad y de la autonomía per¬sonal, pues cada quien era responsable de su propia supervivencia. Por ello, en esta región imperaron formas de organi¬zación social igualitarias y no surgieron gobiernos centralizados” (pp. 27-28).

Democracia y derechos humanos en los pueblos originarios de América Latina”  es un artículo sumamente documentado de Pablo Guadarrama González, Doctor en Filosofía, Universidad de Leipzig, que permite terminar de circunscribir el posicionamiento de Vargas Llosa. Allí González visibiliza todo aquello que un discurso eurocéntrico silencia y oculta, como por ejemplo las exigentes reglamentaciones democráticas que existían en múltiples comunidades indígenas “en las cuales las decisiones solo se toman después de un demorado análisis consensuado y por elección, en el que participan prácticamente todos individuos aptos, con independencia de género y edad”, como así también “la existencia de Estado, de cierta forma de constitución, consejos y la toma de decisiones para la elección de nuevos gobernantes territoriales o incluso de reyes. En algunos de ellos prevalecían criterios de parentesco como es el caso de los aztecas, incas y chibchas, pero no siempre esta era una exigencia”. Y a modo de reflexión final: “El hecho de que el término democracia provenga de la antigüedad griega no le confiere exclusividad alguna para considerar que antes de dicha civilización o con independencia de ella –del mismo modo que otros términos, como el de filosofía– no existiera ya en otros pueblos que no tuvieron el menor contacto con la civilización grecolatina. Una lógica de tal naturaleza podría conducir equivocadamente a la conclusión de que como los términos cultura (cultus, cultivado) o derecho (directum, lo que es conforme a la ley, las reglas o  las normas establecidas) son de origen latino, entonces no existieron tales conceptos antes entre los griegos, babilonios, persas, chinos, etc.”.

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